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Literatura del Siglo XVIII

Contexto histórico y social

El siglo XVIII es conocido como el «Siglo de las Luces», y es que, en efecto, con este siglo XVIII va a iniciarse la transformación económica, social y tecnológica de nuestro mundo occidental a la luz de la razón propugnada por la Ilustración.

El invento de la máquina de vapor (1705), provocará la Primera Revolución Industrial en Inglaterra y, por extensión, el despegue económico de Europa. Es una época de crecimiento demográfico y mejora en general del nivel de vida, especialmente en las ciudades, aunque el aspecto de estas siga siendo medieval (murallas, puertas de las ciudades que se cierran por la noche, barrios extramuros… ). Se trazarán más y mejores caminos, se perfecciona la navegación y se mejora la marina mercante, se construyen nuevos puertos… La prosperidad económica se debe en gran parte a las colonias, proveedoras de materias primas y metales preciosos a la vez que consumidoras de los productos fabricados en las metrópolis.

La Enciclopedia francesa (1751) supondrá el triunfo de la razón sobre la superstición y el dogma. La Ilustración hará bandera de esta causa a través de la Enciclopedia de Diderot y D’Alambert, cuyo propósito fue reunir y difundir en un texto claro y accesible todo el conocimiento acumulado hasta la fecha. En sus 72.000 artículos será expuesta la ideología laicistapragmáticamaterialista y burguesa de la Ilustración. Entre sus 140 colaboradores, destacarán figuras como VoltaireRousseau.

Aunque durante gran parte del XVIII perdurarán las monarquías absolutas, es la época del Despotismo ilustrado: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. El estado asumirá, frente a la anarquía individualista de la época barroca, la dirección de la cultura. Para ello se apoyará en una minoría intelectual que tiene muy claro su cometido, a pesar de la posible insumisión del pueblo. Los políticos ilustrados se propondrán reformas encaminadas a separar el poder civil del religioso, mejorar la agricultura, impulsar la industria y modernizar la Administración.

La Edad Moderna toma su punto de partida con la Independencia de los Estados Unidos de América (1776). Un nuevo orden mundial ha llegado. Todo va a cambiar.

Finalmente, la Revolución Francesa (1789) nos traerá no solo revolucionarias ideas de igualdad con la Carta de derechos del hombre y del ciudadano, precursora de la de los Derechos Humanos actual, sino también un nuevo modelo social basado en clases sociales y no estamentos. Las antiguas estructuras sociales basadas en el feudalismo y el vasallaje serán sustituidas por el sistema de clases que aún hoy rige.

El Siglo de las Luces: la Ilustración y el Neoclasicismo

La Ilustración, propiciada por la burguesía, romperá abruptamente con el principio de autoridad y proclamará como única vía de conocimiento el predominio de la razón y la experiencia sobre la fe o la superstición. El cristianismo cede terreno a un vago deísmo natural, sin doctrina ni dogmas. Esta estructura del saber tendrá como consecuencia que la filosofía y la ciencia sean las disciplinas más valoradas. Este periodo será conocido como «Siglo de las Luces» o «Siglo de la razón» y buscará la felicidad humana a través de la cultura y el progreso.

Las nuevas ideas asociadas al pensamiento ilustrado hicieron que el arte y la literatura se orientaran hacia un nuevo clasicismo conocido como Neoclasicismo. En literatura se busca la expresión moderada de las emociones, y emular normas y reglas clásicas (puestas de actualidad gracias a los descubrimientos arqueológicos de este período). Al mismo tiempo se valoró el equilibrio y la armonía como el principio estético dominante. Al prevalecer el racionalismo y el sentido común, los impulsos más pasionales fueron reprimidos, en detrimento de la literatura de creación. De ahí que interesen más el ensayo, la sátira de costumbres, los tratados pedagógicos, etc., que la literatura de ficción. Se trata, en suma, más de enseñar que de manifestar sentimientos o entretener. La literatura, como conducto a través del que se manifiestan las ideas, cobra una función eminentemente didáctica, de ahí la propuesta neoclásica: “enseñar deleitando”.

La Ilustración en España

La Ilustración en España se inscribe en el marco general de la Ilustración europea (espíritu crítico, fe en la razón, confianza en la ciencia, afán didáctico). Las influencias que recibirá son esencialmente francesas.

Los ilustrados fueron una minoría culta formada por nobles, funcionarios, burgueses y clérigos. Básicamente se interesaron por:

þ Reforma y reactivación de la economía (preocupación por las ciencias útiles, mejora del sistema educativo).

þ Crítica moderada de algunos aspectos de la realidad social del país.

þ Interés por las nuevas ideas políticas liberales, aunque, en su mayor parte, no apoyaron planteamientos revolucionarios.

Reflejo del nuevo espíritu en España serán la creación de la Biblioteca Nacional (1.712) y la Real Academia Española (1.713), fundada ésta por Martínez Pacheco, marqués de Villena, y la R.A.E., que adopta el lema de “Limpia, fija y da esplendor”, y velará por la pureza del idioma, con un criterio normativo aunque no intransigente. Proliferarán tertulias, sociedades y salones literarios, donde gentes de cultura imponen sus gustos, basados en el orden, la pureza y la mesura, frente al dinamismo y la exageración barrocos precedentes.  Su afán reformista les llevó a chocar con la Iglesia y la mayor parte de la aristocracia. Pese a los afanes ilustrados, la mayoría del país siguió apegada a los valores tradicionales.

Corrientes literarias del siglo XVIII

Se diferencian a lo largo del XVIII tres corrientes literarias principales: el Postbarroco, que ocupará casi todo el siglo XVIII, y Neoclasicismo y  Prerromanticismo, que coexisten en los últimos años del siglo.

þ El Postbarroco pretende continuar el estilo, técnicas y temas característicos del Barroco del XVII sin aportar nada nuevo ni de especial calidad.

þ El Neoclasicismo se caracteriza por aplicar las ideas propias de la Ilustración a la vez que busca un regreso a los valores clásicos grecorromanos. Los rasgos que definen esta corriente se pueden resumir en los siguientes:

  1. Sometimiento a las reglas de las 3 unidades clásicas (de acción, de tiempo y de lugar)
  2. El arte y literatura deben tener una finalidad didáctica
  3. Mesura: eliminación de la obra de arte de los sentimientos desbordados.
  4. Imitación de la naturaleza.

þ El Prerromanticismo coexistirá con el Neoclasicismo en los últimos años del siglo y anticipa el Romanticismo del XIX al dar prioridad a los sentimientos por encima de la razón. Se caracterizará esta corriente por la ambientación de las obras en una naturaleza estridente, macabra o desbordada: días de tormenta, noches oscuras y tenebrosas, cementerios, ruinas, etc.

La prosa del siglo XVIII

La mayor parte de las obras del XVIII está escrita en prosa, aunque son pocas las novelas que se publican. Destacan como novelistas el Padre Isla con su Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, una crítica a los malos predicadores de la época, y Diego de Torres Villarroel, con su Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del Doctor Diego de Torres Villarroel, autobiografía novelada.

El género narrativo del siglo XVIII más importante es el ensayo, ya que, como hemos visto, los rasgos que predominan en esta época se desarrollan mejor con la exposición teórica de ideas, pensamientos y críticas. Entre los ensayistas más conocidos de la época hay que resaltar a Ignacio de Luzán, Fray Benito Jerónimo Feijoo y a Gaspar Melchor de Jovellanos.

A Luzán le debemos La poética, un monumental tratado sobre teoría literaria que será considerado el modelo teórico de la poética neoclásica en la literatura española y sin duda el más influyente en el siglo XVIII.

Fray Benito Jerónimo Feijoo escribió el ingente Teatro crítico universal, que tuvo como finalidad principal divulgar el conocimiento y las nuevas ideas ilustradas de la época y arremeter contra las supersticiones y la ya agotada cultura barroca.

Jovellanos pondrá su pluma al servicio de la Ilustración, siendo considerado el más sobresaliente de los ilustrados españoles. Aunque cultivó la poesía y el teatro, sus escritos principales fueron ensayos de economía, política, agricultura, filosofía y costumbres, desde el espíritu reformador del despotismo ilustrado. Destacan su Informe sobre la ley agraria y su Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y diversiones públicas, Memoria sobre la educación, o su Memoria del Castillo de Bellver.

El ensayo ilustrado tuvo un cauce de difusión muy importante en los periódicos. Aunque habían aparecido esporádicamente en siglos anteriores, es durante el XVIII cuando se produce un desarrollo pleno del periodismo. La finalidad de los periódicos del siglo XVIII fue fundamentalmente educativa y divulgativa.

El género epistolar (que adopta forma de carta, bien sea dirigidas a personas reales, bien a personajes ficticios) se convirtió en un género muy abundante durante el siglo XVIII, ya que servía perfectamente para ejercer la crítica de costumbres, comportamientos e ideas.

A este género pertenecerán las Cartas eruditas y curiosas, del mencionado Feijoo y las Cartas marruecas de José Cadalso, en las que, a imitación de las Cartas persas del francés Montesquieu, realiza una crítica de las costumbres y creencias de la sociedad española del siglo XVIII desde la perspectiva de un joven árabe que visita España, Gazel, su preceptor Ben Beley y el español Nuño, amigo del joven, mediante el cruce de cartas entre los protagonistas.

A José Cadalso debemos también Noches lúgubres, un diálogo en el que un joven se lamenta por la muerte de su amada, que es considerado como precedente del Romanticismo del XIX tanto por el tema tratado como por la expresión emotiva de los sentimientos y Los eruditos a la violeta, una sátira de la educación superficial y de aquellos que aparentan tener muchos conocimientos cuando, en realidad, son unas ignorantes.